UNA BUENA AUTOESTIMA: LA PIEDRA ANGULAR

La autoestima consiste en querernos a nosotros mismos desde la aceptación de nuestra virtudes y nuestros defectos, tal y como somos y es la clave y la base desde la que construimos nuestro mapa emocional. La importancia de la autoestima en la educación es enorme porque es algo que desarrollamos en contacto con los demás, a través de nuestra relación con nuestros padres y amigos. Pero aquí chocamos con un adiestramiento tradicional contraproducente para forjar una buena autoestima, tanto en la familia como en la escuela, la sociedad y los medios de comunicación.

Para construir una buena autoestima necesitamos sentirnos aprobados por los demás. Y la aprobación nos reafirma, nos otorga seguridad. La aprobación mas importante de nuestras vidas procede de nuestros padres, de sentirnos aceptados y queridos por nuestros padres. Solo así nos sentimos seguros y solo así caminamos tranquilos por la vida. Cuando el niño esta tranquilo y feliz, entonces es receptivo al aprendizaje y a la educación. Cuando se siente inseguro, su cerebro se sitúa en modo autodefensa y buscara la reafirmación de las condiciones que le están siendo negadas: el tiempo, la atención o el cariño de sus padres. Si el niño se siente seguro es porque confía en sus padres, se enfrenta tranquilamente a la realidad del día a día porque sabe que cuenta con el respaldo de su familia que le ayudará cuando él no llegue, cuando no sepa por donde ir, cuando surja un problema.

Y el mayor enemigo de la autoestima es la indiferencia. No somos conscientes del daño que puede hacer el que les neguemos la atención y el cariño a nuestros hijos e hijas. Sin embargo, con demasiada frecuencia es esto justamente lo que demostramos cuando no escuchamos lo que nos dicen, cuando no compartimos su tiempo ni sus juegos, cuando no reciben de nosotros una mirada de aprobación que los anime a seguir adelante, cuando estamos tan ocupados en nuestros propios problemas que no disponemos de tiempo, ni de ganas, ni fuerzas para acompañarlos a ese partido, leerles ese cuento, oír lo que hoy les ocurrió en el recreo o simplemente abrazarlo y decirle: Pero que ganas tenia hoy de darte un beso.

Lamentablemente estamos tan ajetreados que nuestros hijos e hijas suponen un carga mas, mejor les regalamos un con pantalla táctil y muchos juegos, así estará hipnotizado y yo poder descansar, que bien merecido lo tengo. Ellos necesitan sentir que los queremos y eso con independencia de nuestros problemas y nuestro cansancio. No tienen capacidad para comprender que la causa es nuestro agotamiento, nuestras preocupaciones nuestro difícil equilibrio en el día a día. Y este hecho tan sencillo no se agota en la primera infancia, ni en la segunda, es algo que nos acompaña mientras vivamos. Cuando se ha sentido el amor de un padre y una madre, tengamos la edad que tengamos, deseamos su aprobación y compartir con ellos nuestras alegrías y nuestras miserias. Tan fuerte es esa unión, que aún seguimos compartiendo cuando ya nos faltan.

No quiero que nadie se sienta culpable al leer estas lineas. Todos lo hacemos bien y todos podemos hacerlo mejor. Si me gustaría que nos parásemos a reflexionar un momento y fijar nuestra atención en cuatro puntos:Cuatro pregunta básicas:

Cuatro preguntas básicas;

  1. ¿Dedico un tiempo diario a convivir con mis hijos?
  2. El tiempo que comparto con mis hijos e hijas , ¿Vivo plenamente esa relación ?
  3. ¿Intercambio información y pautas educativas con quíen lo cuida todos los días- asistenta, niñera, abuelos, maestros, etc.?
  4. ¿Sonrío y abrazo a mis hijos o hijas?

Deja un comentario

Web construida con WordPress.com.

Subir ↑