La aventura de educar

Educar es conducir, ayudar a otro ser humano a descubrirse a sí mismo y sacar el mejor partido posible a sus cualidades. Para ello deberemos estar atentos a cuáles son esas cualidades, potenciar lo positivo y paliar lo negativo permitiéndole definir su propia personalidad, crecer como ser humano.

A todos nos gustaría que nuestros hijos o hijas fueran unos triunfadores. El primer problema que se nos plantea es cuándo preguntamos a las familias que es para ti un hijo triunfador, obtenemos respuestas del tipo: médico, ingeniero, que viva bien, una buena casa, un coche de alta gama, etc. Es decir, empezamos por confundir »ser» con »tener». Es una confusión inducida por la sociedad de consumo en la que vivimos inmersos, una sociedad de consumo que nos arrolla.

Constantemente se nos esta inundando a través de la publicidad de imágenes que asocian caras sonrientes y actitudes relajadas con la adquisición de un determinado producto, con un estatus social concreto. Inconscientemente vamos cayendo en la trampa. enciendes la televisión y el último modelo de móvil promete una fascinante socialización, un niño entusiasmado se comunica con la niña de sus sueños a través de la pantalla y el teclado.

Lo primero que debemos tener claro es que la felicidad no nos vendrá de fuera, sino que la lograremos enseñándoles a disfrutar de su realidad, y eso es algo nos compete a nosotros como familia, como educadores. Para ello, conviene centrar nuestra atención en educar el »ser». No es una frase vacía, es muy sencillo entender a lo qué me refiero.

La respuesta surge por sí sola cuando a los padres y madres les insistes en que »describan» como querrían que fuera su hijo o hija. En este punto, basta escuchar a dos o tres familias para que nos describan al hijo o hija ideal ¿o no? Quien de vosotros no desearía que su hijo fuera alegre, cariñoso, respetuoso, educado, deportista, sano, estudioso, amigable, dialogan, reflexivo, enérgico, ordenado… Y aquí es donde volvemos a chocar con la cruda realidad: llegados a la adolescencia, el 80% de los padres y madres no lo consiguen. (Puede que nosotros tampoco)

Tendremos que convivir y dialogar con nuestros adolescentes malcarados, perezosos, irascibles, impulsivos, desordenados, con resultados académicos cuestionables, rebeldes…

Cuando nos damos cuenta de esta realidad podemos llegar a pensar que nuestra educación ha fracasado. Pero no siempre es así, por la academia han pasado muchos casos, y personalmente diré que el tiempo viene a poner todo en su sitio. Que el sentido del éxito o el fracaso solo se puede apreciar en el día a día y que la madurez requiere su tiempo.

Inteligencia natural

Continuara …

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